Antes de tocar un cabello, aprendí a mirar a la persona.

Durante muchos años aprendí técnica y método.

Colorimetría, estructura, diseño, proporciones, armonías, procesos, productos, ejecución. Trabajé en enseñanza, en producción editorial, pasarelas, concursos de belleza, conciertos, en escenarios creativos donde cada detalle tenía que tener intención. Años encima de años desarrollando habilidades y construyendo criterio.

Algo curioso ocurre cuando pasas mucho tiempo entre cabello, maquillaje e imagen:

Al principio crees que trabajas con el cabello y el rostro de las personas.
Después descubres que trabajas con personas, con miradas taciturnas, o muy chispeantes a veces, otras sólo escuchas el silencio de la modelo o cliente, como si estuvieran en un mundo paralelo, en medio del barullo y trajín de las pasarelas, o de la ciudad o del detalle estético de un trabajo editorial o evento social.
Parece una diferencia pequeña. 
No lo es.

Porque un cabello no tiene rutinas. No tiene inseguridades. No tiene historia. No tiene una vida que sostener todos los días frente al espejo.

La persona sí.

Con el tiempo entendí que una técnica impecable puede seguir siendo una propuesta equivocada. Puedes ejecutar un color perfectamente y aun así sentir que algo no encaja. Puedes hacer un corte técnicamente correcto y percibir una pequeña desconexión que no siempre se explica con palabras.

Ese momento lo cambió todo para mí.

Y lo cambió justo cuando más lo necesitaba — porque hubo un periodo en mi vida en que pareció que el mundo se detuvo y yo con él. 

De ahí aprendí algo que ningún curso me enseñó:

La técnica sola no diseña una imagen.
La técnica adquiere profundidad cuando se conoce a la persona que se tiene enfrente.

Por eso en InSalonMX el diagnóstico no aparece después. 

Aparece antes.

Antes de tocar un cabello, observamos.
Escuchamos.
Estudiamos.

Nos interesa comprender cómo vives, cómo te mueves, qué quieres proyectar, qué partes de ti te representan hoy — y cuáles ya no.


Porque no solo trabajamos con forma, también trabajamos con el fondo, con la esencia.

La belleza tiene algo interesante: pocas veces se siente ajena cuando nace desde la coherencia.

No todas las mujeres llegan buscando un cambio.
Muchas llegan buscando encontrarse, reconocerse y hasta reinventarse.

Y cuando eso ocurre, el trabajo deja de sentirse como un procedimiento.
Se convierte en un proceso construido juntas.

Porque antes de tocar un cabello, aprendí algo más importante:

Aprendí a mirar más profundo a la persona.

Y eso me cambió  también a mí .


— Ingrid Ubach · InSalonMX
Estudio conceptual en diseño de imagen personal

Con especial dedicatoria al Mtro. Edgar Peña, que siempre estuvo ahí.

Gracias totales Maestro y Amigo.




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